Pero que duela por amor y no por traición, que duela por saber amar y no saber que no eres merecedor del amor del otro.
¿Qué se necesita para no vivir el dolor de saberse traicionado? Que no sepa el dolor a amargura, sino a triunfo; que no sepa a decepción, sino a orgullo, que no sepa a depresión, sino a tristeza básica.
Ya pasará, y aunque sea silencioso, por dentro da gritos tan desesperados que hay que dejar que fluyan, que salgan, de lo contrario, se corre el riesgo de salir doblemente herido.
Pero ya pasará, ya el tiempo podrá hacer "su trabajo", como si de verdad fuera lo único que se necesita.
Pero ya pasara, pero mientras, que duela... Amar hasta que duela.
domingo, 20 de noviembre de 2016
Amar hasta que duela
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